jueves, 19 de marzo de 2015

ALZAR LA VOZ SIN AHOGAR LA AJENA. Laura Robisco Marqués. 1ºBach A

Parece anticuado hablar de  censura  en pleno s.XXI. Nosotros, tan democráticos y modernos, que hemos luchado por  gritar al viento nuestros ideales sin miedo a ser reprimidos, nos vemos forzados a cuestionarnos ¿Todo vale? ¿Dónde se sitúa la delgada línea en la que acaba nuestra libertad y empieza la de los demás?
En el “Primer Mundo”, al menos, tenemos bien aprendida la teoría: la  libertad de expresión es un derecho esencial y no cuestionable.  Ahora bien, muchos cambiarían de opinión si su parecer fuera puesto en entredicho.  Dejarían de ver ciudadanos ejerciendo su libertad para acusarlos de ser “los malos de la película”. Y… ¿Quién es el malo? Es la pregunta que está en el aire desde los pasados atentados acontecidos en París. Con medio mundo conmocionado, para mí la respuesta en esta ocasión está clara: resulta inadmisible que el precio de una viñeta satírica sean vidas humanas, por muy ofensiva que esta fuera. Sin embargo, es sencillo encontrar casos menos extremistas que llevan a reflexionar sobre los límites de la libertad. Pongamos, por ejemplo, la cuestión de la violencia contra los comercios en las manifestaciones. ¿Quién es el malo? Quizás deberían preguntárselo a los establecimientos que se quedan sin cristales. O incluso deportes de masas como el fútbol tienen que sufrir las constantes peleas entre sus “hinchas”. Y de los dos equipos… ¿Quién es el malo? ¿No están haciendo lo mismo, juzgar la calidad humana por el escudo de una camiseta? A veces el fanatismo nubla el juicio para diferenciar libertad de ataque contra el honor de una persona.  Además, gracias a las nuevas tecnologías tan solo un “click” basta para desear la muerte a tu enemigo escondido tras la pantalla. Internet es sinónimo de expresarse “sin pelos en la lengua”, pero un delito cibernético debe ser asumido como si se hubiera cometido en plena calle.

En definitiva, libertad significa responsabilidad. Existe un límite ético en el que es mejor guardarse la propia opinión para posibilitar la convivencia. ¿Cuál es ese límite? Cada uno que lo establezca por sí mismo.

domingo, 22 de febrero de 2015

David Ruiz. Erase un hombre... Quevedo


Argumentación de Víctor Granados

EL PAPEL DE LA PRENSA DEPORTIVA


España ha experimentado en los últimos años una serie de triunfos deportivos que han animado a nuestro pueblo a anteponer el deporte por encima de cualquier otro tema, siendo este el hombro en el que llorar cuando todo lo demás está perdido y la cueva donde refugiarnos para no afrontar la dolorosa realidad. Pero, ¿hasta ahí llega la gravedad del asunto?
El sector más afectado ha sido la prensa deportiva, si es que aún se la puede llamar así, pues actualmente la diferencia entre Jorge Javier Vázquez y “Los Manolos” es nula, al menos a mi parecer. Y es que si uno trata de conocer lo sucedido en aquel partido que no pudo ver, pues encontró algo aún más interesante qué hacer e inocentemente enciende el televisor para acabar con tal misterio, a la hora de apagarla tan solo sabrá que Cristiano está triste. La duda ahora será la causa del éxito de esta prensa, y no es otra que el público español, culto, con ansias de saber, comprometido con la cultura, crítico y consecuente; ese público que hace que la prensa más consumida sea la “prensa rosa” y que la televisión se convierta en una caja más tonta, si cabe.

No, no estoy de acuerdo con la prensa deportiva española. La critico y no la consumo. Pero vivimos en un mundo globalizado y de mayorías, y el pueblo español ha hablado. La pena es la deformación grotesca del deporte que nos quieren inculcar, destacando la vida personal de los jugadores por encima de su actividad deportiva

Liya Mihailova. Se querían. Vicente Aleixandre.


Rodrigo Castro. Petrarca.


Benjamín Ayuso. La canción del pirata. Espronceda


Casian Bota. Rio Duero. Gerardo Diego